miércoles, diciembre 29, 2004

Pelankita limosnera

¿Qué hace pobre a la gente? ¿La carencia de bienes o su apariencia? Amados míos, si han votado por la segunda opción tienen ante ustedes a una Pelanki muy jodida.

Iba yo caminando rumbo a la Macroplaza, justo cruzando la entrada a la estación de Padre Mier, cuando me detuve a curiosear desde afuera en los aparadores de una tienda de chucherías y souvenirs.

Había cosas interesantes de ver pero demasiado caras de comprar, así que me decidí a seguir mi camino cuando noté que uno de los múltiples calcetines que uso debido al frío me estaba provocando un dolorcito chingativo que podía comenzar a volverse intolerante. Me dí la vuelta, me senté en la entrada de la puerta con la intención de arreglar el desperfecto, me quité el zapato y de repente un billete azul cruzó por delante de mis irritados ojos.

"¿Un billete de veinte pesos?", no estoy segura si lo pensé o lo dije, pero enseguida levanté la vista y enfoqué la cara de un señor ya medio madurón, alto y de abrigo negro, con la mano extendida ofreciéndome el sintético billete: "Aquí. Tome." Solté el zapato y entre balbuceos traté de explicarle que el billete no era mío, que no se me había caído, pero él se limitó a dejar el billete en mi mano y me dió las buenas noches.

Con el billete me compré un elote en la siguiente esquina.


miércoles, diciembre 22, 2004

Actividades para un fin de semana hidrocálido.

*Viajaré un montón de kilómetros,
*gastaré por lo menos $547.50 en pasajes de autobús,
*soportaré un largo viaje de 9 horas,
*sufriré fríos que intensificarán mis de por sí fuertes dolores menstruales,
*toleraré a todos aquellos que me hicieron huír de ése lugar,
*sonreiré a huevo hasta convencerme de que la navidad no me deprime,
*administraré mis minutos para aprovecharlos al máximo,
*agotaré todas las opciones para alcanzar a ver-visitar-hablar-convivir con aquellos a los que extraño,
*me disculparé por no llevar ni un solo regalo,
*me apachurraré el corazoncillo para no chillar cuando me vaya de nuevo,
*regresaré a mi recién estrenada realidad contenta de haber repartido unos cuantos abrazos entre mi grupúsculo de amiguetes.

viernes, diciembre 10, 2004

¡Puercos!

¿Intolerante yo? Nunca. Seré quejumbrosa, miserable, pesimista o desagradable, pero definitivamente no se trata de intolerancia. Soy simplemente extremadamente sensible, me irrito demasiado, aunque no es para menos.

Lo que me tiene así es el toparme tan seguido con ése tipo de gente que puebla el mundo nadamás para llenar huecos que no estoy segura que haya necesidad de llenar. Rellenos, pues, casi basura.

Están hechos con un molde, estoy segura. Y debajo de ése material que aparenta ser piel hay solo plástico, sin duda. Lo que todavía no alcanzo a comprender es cómo hacen para camuflarse entre los demás, si con cerebro no cuentan o por lo menos no lo utilizan.

¿Servirá de algo que se preocupen constantemente por combinar la bolsa con los zapatos? ¿Valdrá la pena que se alteren tanto cuando se exponen a algo que no comprenden? ¿Será demasiado el sufrimiento que les provoca el encontrarme tan diferente a ellos? ¿Sabrán que aparte de encapricharme con insultarlos en mi blog no me afecta su existencia (mientras no tenga que cruzar palabra alguna con ellos)?

Puercos. Eso es lo que son. Piénsenlo: No razonan, son incapaces de voltear hacia arriba, hacen demasiado ruido y usan el hocico únicamente para tragar (incluso su propia mierda).

Deberíamos obligarlos a vivir en los chiqueros.