Pelankita limosnera
¿Qué hace pobre a la gente? ¿La carencia de bienes o su apariencia? Amados míos, si han votado por la segunda opción tienen ante ustedes a una Pelanki muy jodida.
Iba yo caminando rumbo a la Macroplaza, justo cruzando la entrada a la estación de Padre Mier, cuando me detuve a curiosear desde afuera en los aparadores de una tienda de chucherías y souvenirs.
Había cosas interesantes de ver pero demasiado caras de comprar, así que me decidí a seguir mi camino cuando noté que uno de los múltiples calcetines que uso debido al frío me estaba provocando un dolorcito chingativo que podía comenzar a volverse intolerante. Me dí la vuelta, me senté en la entrada de la puerta con la intención de arreglar el desperfecto, me quité el zapato y de repente un billete azul cruzó por delante de mis irritados ojos.
"¿Un billete de veinte pesos?", no estoy segura si lo pensé o lo dije, pero enseguida levanté la vista y enfoqué la cara de un señor ya medio madurón, alto y de abrigo negro, con la mano extendida ofreciéndome el sintético billete: "Aquí. Tome." Solté el zapato y entre balbuceos traté de explicarle que el billete no era mío, que no se me había caído, pero él se limitó a dejar el billete en mi mano y me dió las buenas noches.
Con el billete me compré un elote en la siguiente esquina.

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