lunes, febrero 13, 2006

Cuando la pobreza proviene de la felicidad

Soy pobre, es oficial.

Deberían ver mi cara cuando digo esas palabras... chale, hasta miedo me da cuando después de articular esas sílabas extremadamente difíciles de escupir tengo que pasar salivita y me cuesta más trabajo que si estuviera tragándome un kilo de piedritas filosas.

Ya lo he declarado en incontables ocasiones: Esto de ser adulto no me conviene en lo asoluto. Tiene uno que ser responsable también y ¡Ah jijo, cómo cuesta trabajo!

En diciembre, después de pagar mis deudas con todas aquellas tarjetas de crédito que me embelesaron y me hicieron creer que eran la salvación a mis penas económicas, me prometí no volver a caer en el sucio jueguito y las guardé en el rinconcillo más escondido de mi cartera... pero ah, sólo bastó con que anunciaran la preventa de los boletos para el concierto de U2, en ese momento una bruma espesa nubló mi única neurona adulta y evitó que siguiera el camino de la razón.

Así es, compré mi boleto en la zona enumerada (como si en un concierto de U2 éso significara algo ventajoso...) y a dos minutos del apasionado suceso ya me estaba mordiendo el dedo meñique de la mano derecha para no sentir tan feo la cog....dota que me iba a meter el banco cuando tuviera que pagar.

Pero esto no es nuevo, noooo... vivo así desde que me mudé a Monterrey porque el negocio del espectáculo en este bendito lugar es mejor placebo que la religión, la política y el fútbol juntos. Siempre hay algo que ver, siempre está uno dispuesto a pagar lo que sea, a sentirte muy 'acá' nomás porque consiguiste boletos de hasta adelantito, donde la sacrosanta baba de Brian Molko, de Eddie Vedder o ya de perdis de Leonardo de Lozanne te caiga por litros en la cara sirviendo de desmaquillante estelar.

Ayyyy... cómo quisiera arrepentirme tantito siquiera. Cómo quisiera que al regalarle tanto dinero a Ocesa y a Ticketmaster me pegara un retorcijón en el intestino delgado, nomás pa' pensármela un par de segundos más antes de volver a comprar un boleto en zona AA. Pero mi destino sufre de problemas de personalidad y no ha decidido si ha de ser trágico o glorioso, mostrándome descaradamente ambas facetas cada que una buena banda toca tierra regia.

Por lo pronto seguiré siendo pobre, pagaré los platos rotos que han dejado a su camino los conciertos de este año. Y veremos en qué butaca me acomoda esa pobreza en el concierto de Depeche Mode... ¡Porque no me lo pierdo ni loca!